¿Y si re铆rnos de lo que nos indigna no siempre es una forma de resistir?
¿Y si incluso nos perjudica?
Hay algo extra帽o en nuestra manera de relacionarnos con la pol铆tica. Un esc谩ndalo que hace unos a帽os habr铆a provocado indignaci贸n hoy puede convertirse en un meme en cuesti贸n de minutos. Nos re铆mos, lo compartimos y pasamos al siguiente.
Quiz谩 no haya nada malo en re铆rse.
Pero pensemos por un instante en algo mucho m谩s cercano: una traici贸n.
Imaginemos que descubres que tu pareja te ha sido infiel. En lugar de confrontarla, decides hacer bromas sobre lo ocurrido. Tus amigos se r铆en. T煤 tambi茅n. Con el tiempo, la infidelidad termina convertida en una an茅cdota divertida.
Pero la traici贸n sigue ah铆.
El chiste no la resolvi贸. Solo consigui贸 hacerla m谩s tolerable.
¿Puede ocurrir algo parecido cuando hacemos comedia de la pol铆tica?
La s谩tira pol铆tica no tiene nada de malo. Al contrario. Burlarse del poderoso puede ser una forma de cr铆tica. El humor puede desnudar contradicciones, exhibir hipocres铆as y hacer evidente el absurdo.
Pero existe una diferencia entre utilizar el humor para mostrar un problema y convertir el problema en entretenimiento.
Decir que la presidente tiene "cara de loca" puede provocar una carcajada. Alguien puede considerarlo ingenioso y otra persona puede encontrarlo ofensivo.
Pero pol铆ticamente no demuestra nada.
No demuestra corrupci贸n.
No demuestra incompetencia.
No demuestra una mentira.
No demuestra que una decisi贸n haya perjudicado a la poblaci贸n.
Mientras hablamos de su aspecto, dejamos de hablar de sus decisiones.
Y eso es bastante significativo.
Analizar una decisi贸n pol铆tica requiere esfuerzo. Hay que conocer los hechos, revisar cifras, recordar promesas, comparar resultados y preguntar qui茅n es responsable.
Para hacer un meme solo necesitamos una fotograf铆a.
Entonces ocurre algo curioso.
El esc谩ndalo nos indigna.
Despu茅s aparece el meme.
Nos re铆mos.
Lo compartimos.
Y llega el siguiente esc谩ndalo.
Poco a poco, aquello que deber铆a provocar indignaci贸n se convierte en una rutina.
La corrupci贸n no desapareci贸. La mentira tampoco. El abuso contin煤a.
Lo que puede desaparecer es nuestra reacci贸n ante ellos.
La risa tiene una caracter铆stica maravillosa: libera tensi贸n.
Precisamente por eso puede convertirse tambi茅n en una forma de anestesia.
No necesariamente empezamos a pensar que la corrupci贸n est谩 bien. Simplemente dejamos de sentir la misma urgencia frente a ella.
Podemos seguir sabiendo que algo est谩 mal y, al mismo tiempo, habernos acostumbrado a ello.
Ah铆 est谩 el verdadero peligro.
Una sociedad puede estar perfectamente informada y, sin embargo, perfectamente anestesiada.
Podemos conocer todos los esc谩ndalos, compartir todos los memes y recordar todos los apodos sin hacer absolutamente nada.
Incluso podemos sentir que participamos en la conversaci贸n pol铆tica porque publicamos algo ingenioso.
Expresar frustraci贸n no necesariamente significa ejercer presi贸n.
Compartir un meme no equivale a exigir cuentas.
Re铆rse de una mentira no equivale a demostrarla.
Ridiculizar a un funcionario no equivale a cuestionar sus decisiones.
Volvamos a la pareja.
Puedes hacer veinte chistes sobre el amante. Puedes ponerle un apodo. Puedes convertir la infidelidad en la an茅cdota favorita de tus amigos.
Pero cuando llegues a casa, la persona que te traicion贸 seguir谩 ah铆.
El chiste no resolvi贸 nada.
Solo consigui贸 que durante unos segundos doliera menos.
Algo parecido puede suceder con la pol铆tica.
El meme desaparece en unas horas. La decisi贸n pol铆tica puede afectar nuestra vida durante a帽os.
Por eso, despu茅s de la risa, todav铆a quedan los hechos.
- ¿Qu茅 hizo?
- ¿Cu谩nto cost贸?
- ¿Qui茅n se benefici贸?
- ¿Qu茅 prometi贸?
- ¿Qu茅 cumpli贸?
- ¿Qui茅n tiene que responder?
No tenemos que dejar de re铆rnos de nuestros gobernantes. Una sociedad que ya no puede burlarse del poder tendr铆a un problema mucho m谩s grave.
Pero tampoco deber铆amos permitir que la carcajada sea siempre el punto final.
El humor puede abrir los ojos.
Pero tambi茅n puede cerrarlos.
Todo depende de lo que hagamos despu茅s.
El problema no es el hecho de hacer comedia de algo serio.
El problema aparece cuando el meme se convierte en nuestra 煤nica forma de protesta.
Y entonces ocurre algo bastante inc贸modo:
Nos re铆mos del poder no porque lo hayamos enfrentado, sino porque hemos aprendido a soportarlo.
La comedia es nuestra manera de "lidiar con tanta pudredumbre". Pero la realidad es que simplemente no deber铆amos tolerar la corrupci贸n y reirnos de sus actores y sus pifias no resuelve nada, incluso sirve de ayuda para suavizar la fricci贸n con los ciudadanos, que encuentran en la risa un paliativo.